La llama del amor: un símbolo histórico y eterno

¿Quién no ha oído la expresión ‘mantener la llama del amor ardiendo’? Es el modo de asociar el fuego con el amor con la idea de una relación poderosa sostenida en el tiempo. Indagar en la tradición y en la magia unidas a los cultos ancestrales y las leyendas aporta aspectos que hacen más comprensible la idea de una ‘fogosidad’ y un amor más allá de la pasión.

llama

Encender el fuego tiene una connotación divina en la tradición Druida, por ejemplo. Los druidas celtas acostumbraban a emplear la luz solar para prender sus altares; esto lo hacían concentrando el rayo sobre un cristal o aguamarina especialmente tallado y engarzado en forma de broche mágico o hebilla en el cinturón del ‘Archidruida’. A este broche se lo denominaba’ Liath Meisith’ y se suponía que tenía el poder de atraer el Fuego Divino desde el cielo y concentrar sus energías para ponerlas al servicio del hombre, emulando -de esta forma- al dios Thor.

mano y sol

Donde siempre ardía el fuego era en los santuarios de Vesta, en Roma. Vesta, el espíritu del fuego, era adorado en esta civilización en templos de planta circular. Las sacerdotisas vírgenes, o ‘Vírgenes Vestales’, tenían como misión mantener siempre viva la llama de este fuego sagrado. Las mujeres de mejor familia (‘patricias’) pasaban a integrar este sacerdocio, que se extendía a tres décadas; 30 años de formación después de los cuales podían contraer matrimonio si así lo deseaban.

Vesta era la diosa del hogar y el símbolo de la fidelidad. Parece que la mujer era la encargada de mantener esta llama hogareña y fiel siempre encendida: ésa fue la enseñanza de Roma.

vestales

La simbología budista en relación con la llama, el fuego, el amor, tiene en Amitabha su componente central. Amitabha es ‘luz infinita’; se le representa sentado en la postura del loto y con el mudra de la meditación en sus manos. Amitabha es una deidad (buda celestial) transmutadora: calma los pensamientos y aporta sabiduría. El fuego es su elemento y lo que enciende con él es un nuevo espacio, limpiando energías dolorosas y transmutando todo en belleza. Amitabha transforma los ‘fantasmas hambrientos’ (seres que llevan toda una existencia de deseos frustrados) por el amor y el contento de sí que, a su vez, disuelven sentimientos de desesperación, inquietud e insatisfacción.

La fuerza espiritual de Amitabha es pura calidez y dulzura y, sin embargo, el tono de su representación es el rojo rubí del fuego que, para el budismo, se lee aquí como el “tono de la fascinación”.

amitabha

En la ceremonia de ‘Unión de Almas’, de Simboliza (www.simboliza.org) el fuego que arde en la fiesta de este compromiso de amor está representado simbólicamente con velas y cirio. La llama encendida que permanece para madurar a dúo la iluminación.

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