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Ser pareja y no convivir, ¿es posible?

Las relaciones de pareja se acomodan a otras formas de vida y, sobre todo, a otras formas de estar en la vida. Una de ellas es la de no convivir bajo el mismo techo. Puede haber una celebración del amor (fiesta que en Simboliza se denomina ‘Unión de Almas’) pero, después, cada uno a su casa. ¿Da esto resultado, es posible?

Para los expertos en relaciones de pareja y los psicólogos especialistas, sí, siempre y cuando ambas partes estén de acuerdo en esto desde la más absoluta coherencia y libertad. Suele producirse cada vez con más frecuencia en nuevas parejas maduras que surgen de otras relaciones convencionales (acabaron en separación o divorcio) y, también, resulta muy habitual entre los más jóvenes.

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La vida en pareja se somete, en muchas ocasiones, a roles heredados y no elegidos. A convenciones sociales. Y es la causa de muchas rupturas: la convivencia hace la vida insoportable y la rutina martiriza la relación. Sobre todo (indican los expertos) porque esto no es “verdaderamente elegido y sólo se trata de un comportamiento asumido”. La coherencia es, de nuevo, absolutamente esencial: sentir y obrar en la misma línea.

Ser pareja y no convivir permite mantener con más flexibilidad la individualidad de sus miembros y sus hábitos de vida; nada tiene que ver con la falta de respeto hacia quien comparte tu camino (aunque no sea a diario tu techo) ni con la honestidad de la relación y la profundidad del compromiso y del sentimiento. El diálogo es otra clave para llevar este modelo a buen puerto; el diálogo y, desde luego, la sinceridad.

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